Las poderosas barreras y…las originales soluciones.

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Te contaré una escena personal real. Llegó a casa de trabajar entre las 19.30 h y las 20 h. lógicamente cansado…. Encima del sofá suele estar el Ipad (creo que me sonríe al verme). De forma irresistible me siento – mejor dicho, me tumbo – y miro mi correo personal, luego echo un vistazo a las redes sociales,…navego por internet sin rumbo. Los minutos pasan, se está tan cómodo. Y, de repente, miro el reloj…”uy, se ha esfumado más de media hora”. “Venga, navego un poco más…por aquí y por allá”. Zas, ahora ya me he cepillado 1 hora. Terrible. Son casi las 9 de la noche, ya es oscuro. “¿Adónde voy a ir ahora?”, “casi empiezo a prepararme algo para cenar”. Y… ¡pim, pam! se acabó el día.

¿Qué ha ocurrido?, muy sencillo, he tirado a la papelera lo que me quedaba del día…o lo que es peor, las escasas horas de ocio que me dejan mi ocupada vida profesional. Y si miro la sucesión de días y días, pasan las semanas y vuelan los meses…y – no exagero – la vida se escurre entre los dedos.

Entre las 19.30 h y, digamos, las 22 h, podría hacer un montón de cosas. Y si, además, aprovechase especialmente ese tiempo, podría hasta sacarme un curso de la Universidad o aprender un idioma o qué sé yo…en mi caso vuelvo al ejemplo del anterior artículo: ir a nadar 3 días a la semana.

Estoy seguro que lo que he contado, te pasa a ti y a mucha gente. Casi me atrevería a decir que es una “norma” de vida. ¿O me equivoco?.  Bien, ahora vemos dónde está la poderosa barrera…así la llamo yo. Porque, verás que hay un momento clave que es el que nos arruina el día. Seguiré con mi ejemplo, será la mejor forma de explicarme. Cuando entro por casa, al volver de la oficina, miro el maravilloso (y diabólico) Ipad… me atrae, me captura. ¡He aquí la barrera! – diabólico invento – que me pega al mullido sofá.

poderosas barreras

Primer paso. Esconder al diablo. Antes de salir de casa, rumbo a la oficina, guardo – casi escondo – el Ipad en un cajón. De esta forma alejo la tentación de mii débil voluntad.

Segundo paso. Dejo en el recibidor de mi casa la mochila preparada con el traje de baño, el gorro, el champú, etc. Es decir, facilito la nueva rutina.

Tercer paso. Creo la rutina: abro la puerta de casa, agarro la mochila y cuando cierro la puerta ya la tengo colgada al hombro.

No he dado ninguna oportunidad a las tentaciones y a la pereza. Sin darme cuenta estoy entrando en la piscina.

Yo te he contado una mía, pero ahora se trata que analices tu rutina descubras cuáles son tus “poderosas barreras”. Creo que te darás cuenta que pequeños detalles son los que te condicionan y evitan que seas capaz de crear un “hábito”. Te propongo que escribas tus rutinas, casi diría tus micro-rutinas. Quizá es encender la televisión, o prepararte un bocadillo, o leer el periódico,…estoy convencido que te sorprenderás. Luego tendrás que ver cómo reduces la tentación y, finalmente, cómo facilitas la nueva rutina que quieres crear.

He de avisarte que será necesaria una dosis de voluntad, un esfuerzo personal. Y para facilitar ese esfuerzo personal, te invito al siguiente post.

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