Esencia de Mujer: la provocación

HONESTIDAD

Fue extraño cómo llegué a verla…me gusta escuchar a Leonard Cohen cuando escribo, así que busqué en youtube una recopilación de sus éxitos…en el menú lateral de vídeos sugeridos apareció “Esencia de mujer” y, con cierta curiosidad, cliqué, vi la escena donde Al Pacino baila un tango con una mujer joven. Me cautivó y decidí ver la película. Sí, lo confieso no la había visto.
La película trata sobre un militar (Al Pacino) retirado del servicio por haberse quedado ciego. Es un cascarrabias que apenas su familia soporta. Un día aparece en su vida un estudiante (Charlie) de una prestigiosa escuela de élite para cuidarle durante un fin de semana (para ganar unos dólares). Lo que debería haber sido un par de días tranquilos se convierte en un viaje a Nueva York donde Al Pacino tiene planeado gastarse su pensión en las últimas (y alocadas) 48 horas de su vida, porque tiene previsto suicidarse. Durante estos dos días, se genera una química especial entre los dos protagonistas. El militar enseña al bisoño estudiante a amar la vida con pasión y el amable Charlie, de gran corazón, evita que se suicide. Al Pacino descubre que su compañero y lazarillo debe enfrentarse a un juicio en la Escuela de chicos millonarios en la que estudia como becario porque el decano quiere desenmascarar a unos estudiantes granujas y él – fiel a sus principios – se niega a chivarse, con el riesgo de ser expulsado.
Vayamos a la escena que quiero comentaros. El fin de semana ha concluido y es el día del juicio. Unos 300 estudiantes asisten al juicio que el decano preside y la junta de profesores actúa como jurado. Hay dos testigos: un granujilla acompañado por su padre millonario y nuestro amigo el becario. El decano – con tono agresivo – amenaza al Charlie que, a duras penas, balbucea que no dirá nada. Se mantiene firme en su honor de no chivarse…a costa de ser expulsado. Y entonces aparece, por sorpresa, Al Pacino con su bastón y ojos abiertos fijos en el vacío. Se produce un rumor de sorpresa mientras se sienta al lado de su compañero de aventuras, Charlie. Se presenta como familiar con derecho a defender al chico.
Ante el silencio pertinaz de nuestro protagonista, el juicio lo tiene perdido: será expulsado. Su oportunidad como becario de familia humilde se irá al traste y su vida dará un dramático giro.
Pero Al Pacino pide la palabra. Se pone en pie. (Me imagino lo que debe ser hablar delante de 300 personas sin ver nada). Cientos de caras lo miran expectantes.
– “¡Todo esto es un montón de basura”, ja!
Murmullos de sorpresa en la sala. Los jóvenes estudiantes que asisten como público sonríen y se miran entre sí con algunas risas.
– “¡Qué coño es esto!. ¿Cuál es el lema de este colegio?: muchachos informad sobre vuestros compañeros, salvad el culo o de lo contrario os quemaremos en la hoguera?”.
Silencio absoluto.
– “¡Están construyendo un barco de ratas. Un buque para soplones de élite!. Si creen que están preparando a estos pececillos para ser hombres, piénsenlo dos veces. Yo digo que están matando el mismo espíritu que esta institución afirma inculcar. ¡Menudo fraude!.”
El decano golpea con un mazo y grita
– “¡está usted desquiciado!”
Al Pacino se pone en pie:
– “¿Desquiciado?, yo le enseñaré qué es eso”
Os resumiré la escena…voy directamente al final de su intervención:
– “Yo he llegado a muchas encrucijadas en mi vida. Siempre he sabido cual era el camino correcto. Sin excepción. Lo he sabido. Pero nunca lo he tomado. ¿Saben por qué?…porque era jodidamente duro. Aquí tienen a Charlie, ha llegado a la encrucijada. Ha escogido un camino, es el camino correcto. Es el camino hecho por el principio que conforma un carácter. Dejémosle continuar su andadura.”

Y acaba, con unas gotas de emoción apelando a los sentimientos del jurado. Despacio, casi dirigiéndose íntimamente a cada miembro del jurado, dice:
– “Ustedes tienen futuro de este chico en sus manos, Comité. Es un valioso futuro. Créanme, no lo destruyan. ¡Protéjanlo!. Abrácenlo. Un día les hará sentirse orgullosos, se lo prometo”.
En la sala se respira una gran emoción. Y una corriente de simpatía hacia nuestro noble amigo. El jurado delibera y declara inocente a Charlie. Estallido de gritos y aplausos de los estudiantes.
He utilizado esta escena para destacar algunas claves interesantes cuando hablamos en público:
1.- a veces, es necesario provocar. Sí, hay que ser prudente…pero no olvidemos el poder de la provocación. En situaciones desesperadas es un recurso que puede salvaros.
2.- la provocación no debe dejar a nuestro público entre la espada y la pared…se trata de dejarles un pasillo y mostrarles el camino por el que queréis que pasen y se sientan orgullosos de hacerlo
3.- cuando apela a las emociones toca 2 teclas: la institución y el corazón de cada jurado. Son las dos caras de la misma moneda. Es como poner un espejo delante de ellos y que vean lo que les puede hacer sentir bien…o mal. Pero que ellos deciden.
4.- utiliza su propio ejemplo como conducta equivocada “Siempre he sabido cual era el camino correcto. Sin excepción. Lo he sabido. Pero nunca lo he tomado. ¿Saben por qué?…porque era jodidamente duro”. Es decir, provoca pero desde la humildad…lo hace creíble.
5.- el apenas 5 minutos hablando en público cambia el destino de una persona (sí hablar en público es una poderosa arma).

Insisto: a veces es necesario provocar. Tengo en mi memoria cientos de reuniones con equipos de ventas….y sonrío. Provocar, con humildad.
Mirad el vídeo, es cortito.

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